Guía del Museo de Orsay: +10 obras que no debes perderte

Contempla las grandes obras del impresionismo y el posimpresionismo en uno de los museos más emblemáticos y visitados de París.

Vista del Museo d'Orsay desde el Sena por la noche, París

Descubre las obras imprescindibles del Musée D'Orsay

Imagen propiedad de: Musée d'Orsay Facebook

Este encantador museo parisino es uno de los muchos monumentos que engalana las orillas del Sena en la capital francesa. Lo que hoy conocemos como el Museo de Orsay, fue en origen una estación de tren, inaugurada en 1900 para la Exposición Universal de París. La estación se diseñó como un palacete para que no desentonara con el gran palacio del Louvre y el Jardín de las Tullerías, que se encuentran justo al otro lado del río.

Pasado el tiempo, la estación cobró nueva vida al convertirse en museo. Desde 1977, sus altos techos acristalados bañan de luz grandes obras maestras del impresionismo y del postimpresionismo, entre las que se encuentran piezas de artistas de la talla de Van Gogh, Renoir, Bonheur, Cézanne, Claudel, Monet, Degas, Cassatt, Morisot y un largo etcétera.

Sí, sí, lo comprendemos tanta genialidad junta resulta un poco abrumadora. Nuestra recomendación es que te lo tomes con calma y dediques todo el tiempo que necesites a explorar el Musée D'Orsay para no perderte nada. Pero si vas con algo de prisa y tienes que seleccionar solo algunas obras principales, te recomendamos que no te pierdas estas obras imprescindibles del Museo de Orsay de París. ¡A ver qué te parecen!

Bailarina de catorce años, Edgar Degas

Degas es especialmente conocido por sus bailarinas, pero lo que tal vez no sabías es que esta icónica estatua de una pequeña bailarina de catorce años es en realidad un vaciado de bronce de la obra original, una estatua de cera policromada hiperrealista. Para aumentar la sensación de realismo, Degas vistió a su bailarina con un tutú, un corpiño y unas zapatillas de ballet reales. Además, le colocó pelo real a la estatua y se lo recogió en una trenza adornada con un gran lazo de seda.

Cuando se expuso en 1881, la estatua creó un gran revuelo y los críticos la equipararon con un animal encerrado en un zoo. Durante muchos años, la estatua permaneció olvidada en el taller del artista (junto con otras piezas similares). Tras la muerte de Degas, se realizaron varias copias en bronce que se exponen hoy día en varios museos. (Sala 31, planta superior)

Baile en el Moulin de la Galette, Pierre-Auguste Renoir

Considerada una de las obras cumbre de Renoir y del propio movimiento impresionista, el Baile en el Moulin de la Galette rebosa luz y vida. Representa una escena parisina: un bullicioso café en el barrio de Montmartre, mientras en el fondo tiene lugar un animado baile. Acércate y disfruta de la vitalidad y la luminosidad de la escena, tendrás casi la sensación de oír el rumor de las conversaciones y de la música del baile.

La colorida paleta de Renoir, su característica pincelada y la ausencia de detalles realistas en favor del color y la luz fueron algunas de las características que más le recriminó la crítica de la época. Con el tiempo, sin embargo, estas mismas características encumbraron la pieza como una de las obras maestras del impresionismo temprano. (Sala 30, planta superior)

El dormitorio de Van Gogh en Arlés, Vincent Van Gogh

Imagen propiedad de: Musée d'Orsay

Sobre el tema de su dormitorio, Van Gogh realizó tres cuadros casi idénticos. El primero, conservado en el Museo Van Gogh de Ámsterdam, el segundo en el Art Institute de Chicago y el tercero podrás contemplarlo en el Museo de Orsay de París. Junto con otras obras del autor que no deberías perderte, como un Autorretrato, un Cielo estrellado y la preciosa Iglesia de Auvers-sur-Oise.

En una carta a su hermano Théo, Vincent explica lo que quiere expresar con el cuadro de su dormitorio: "los muros lila pálido; el suelo de un rojo gastado y apagado; las sillas y la cama amarillo cromo; las almohadas y la sábana verde limón muy pálido; la manta roja sangre; la mesa de aseo anaranjada; la palangana azul; la ventana verde... He querido expresar un reposo absoluto mediante todos estos tonos diversos". Es cierto que los colores de la habitación son agradables y acogedores, pero hay algo en la perspectiva de la alcoba que nos habla tal vez de un modo subconsciente de las tribulaciones mentales del artista. (Galería Françoise Cachin, planta superior).

Amapolas, Claude Monet

Este alegre paisaje de ensueño pintado por Claude Monet es una de las obras más famosas del artista. Lo realizó tras mudarse de Inglaterra a la tranquila Argenteuil, y empleó colores vivos para evocar la agradable sensación de un hermoso día soleado en la naturaleza.

Los llamativos rojos de las amapolas silvestres sobre un fondo verde apagado hacen que la obra sea aún más vívida, con el único contraste de las figuras humanas en blanco y negro que se deslizan por el campo. (Sala 29,planta superior).

Además de las Amapolas, hay otras obras fascinantes de Monet en el Musée D'Orsay, como las Regatas de Argenteuil, varios de sus estudios de la Catedral de Rouen y, por supuesto, algunos de sus famosos Nenúfares. Claro que si quieres vivir una experiencia única con los Nenúfares de Monet, tal vez no deberías perderte tampoco el Museo de la Orangerie, donde pondrás contemplar salas enteras con murales inmensos.

Los acuchilladores de parqué, Gustave Caillebotte

Imagen propiedad de: Musée d'Orsay

Caillebotte no experimentó tanto con la forma como lo hicieron los impresionistas, sus Acuchilladores se ciñen a las máximas academicistas, aunque la perspectiva fuertemente marcada y el particular encuadre de la obra la hacen ya moderna y experimental. El torso desnudo de los trabajadores, sin embargo, podría ser el de héroes o dioses clásicos.

Fue la crudeza del realismo de Caillebotte tanto en el tema como en la técnica lo que resultó demasiado chocante para la sociedad de su época, que lo rechazó en un primer momento. Más tarde, superadas las críticas, la obra cobró por fin la importancia que merecía y, tras pasar por varios museos, incluido el Louvre, encontró su hogar en el Museo de Orsay. (Sala 30, planta superior)

Oso polar, François Pompon

Imagen de Pinterest

Oso polar, de François Pompon, es una de las obras más emblemáticas del Museo de Orsay, y el primer éxito de público de su autor a los 67 años. Pompon trabajó como ayudante para las dos grandes figuras de la escultura francesa del momento: Camille Claudel y Auguste Rodin, con los que comparte espacio en el Museo de Orsay.

Sin embargo, Pompon abandonó el interés por la figura humana y por el realismo, y desarrolló un estilo minimalista en el que eliminaba todos los detalles para mostrar solamente la esencia del animal. "Conservo numerosos detalles destinados a desaparecer. Me gusta la escultura sin huecos ni sombras" decía. De este modo, Pompon desafió los estándares de la escultura de su época de un modo original y único que se alejaba de la nueva y floreciente deconstrucción cubista. (Zona de esculturas, planta intermedia)

Olympia, Edouard Manet

El movimiento impresionista se caracterizaba por desafiar los estándares artísticos y sociales de su época, y Edouard Manet no se quedaba corto a la hora de despertar polémicas con sus obras. La crítica del momento lo consideraba un enfant terrible del arte y, con frecuencia, ponía el mundo artístico patas arriba cuando presentaba una nueva obra.

Olympia fue una de esas obras. El lienzo muestra un desnudo que a simple vista parece encajar perfectamente en la temática academicista de las venus y las odaliscas: cuerpos femeninos idealizados, prácticamente sublimados. Sin embargo, la Olympia de Manet no es una mujer idealizada ni mitológica, sino una prostituta que devuelve una mirada fría e indiferente a quien la observa en su desnudez. El cuadro despertó una gran controversia sobre la representación de la mujer en el arte, tema que, en pleno siglo XXI, sigue estando de lo más vigente. (Exposición temporal, planta baja hasta el 23 de julio de 2023)

Manzanas y naranjas, Paul Cézanne

Cézanne fue un maestro de las naturalezas muertas y uno de sus mejores bodegones, Manzanas y naranjas, se encuentra precisamente en el Museo de Orsay. El óleo representa exactamente lo que promete: manzanas y naranjas dispuestas sobre un paño drapeado entre vajilla de loza con decoración floral.

Es la calidez de sus colores, la intensidad de la luz y la intimidad de la composición lo que nos deleita los sentidos y casi nos transporta hasta esa soleada cocina, probablemente con más éxito que si se tratase de un bodegón perfectamente realista. (Sala 35, planta superior)

Mujer cosiendo, Mary Cassatt

Detalle del cuadro Jeune fille au jardin. Imagen propiedad de: Musée d'Orsay

Una paleta clara y viva caracteriza la obra de Mary Cassatt, pintora norteamericana que llevó el impresionismo al otro lado del Atlántico. Gran amiga de Degas, participó en exposiciones del grupo impresionista a partir de 1879.

Los retratos familiares que muestran escenas íntimas y cotidianas son frecuentes en la obra de Cassatt. La Jovencita en el jardín, también conocido como Mujer cosiendo, sigue esta temática, pero con la peculiaridad de que la muchacha aparece al aire libre. La pincelada rápida y esbozada de la falda contrasta con el contorno más nítido del rostro y del busto, lo que indica que la artista no renuncia por completo a la precisión del dibujo. (Sala 32, planta superior)

Las espigadoras, Jean-François Millet

Imagen propiedad de: Musée d'Orsay

El realismo de Millet va más allá de la técnica pictórica, el artista francés mostraba en sus cuadros la realidad de la vida campesina y de las clases más pobres. Dos ejemplos claros de ello son dos de sus obras más famosas: El Ángelus y Las espigadoras (ambas en el Museo de Orsay). El espigueo era una práctica habitual en la época de la recolección: los campesinos más pobres estaban autorizados a recoger las espigas que se había quedado en la tierra después de segarla, pero debían hacerlo rápido, ya que, tras la jornada de siega, tenían pocas horas antes de la puesta de sol.

Al fondo, aún bañados por el sol del atardecer, podemos ver la abundancia de la cosecha y al capataz a caballo supervisando el trabajo de los campesinos. Mientras que la sombra del ocaso se cierne ya amenazadora sobre las monumentales mujeres que se afanan en su labor. Las espigadoras está considerada no solo como una de las mejores obras del Museo de Orsay sino también del realismo francés de la época. La vertiente humanista de Millet no fue algo que le granjease apoyos al artista en la alta sociedad francesa de su época, sin embargo, Van Gogh lo admiraba mucho e incluso lo emuló en alguna de sus obras. (Sala 4, planta baja).

Labranza en Nevers, Rosa Bonheur

Imagen propiedad de: Musée d'Orsay

Labranza en Nevers muestra también una escena hiperrealista de la vida campesina, Rosa Bonheur la realizó por encargo en 1849. Como peculiaridad, que la diferencia de Millet y de la mayoría de artistas de su época, podemos destacar la predilección de Bonheur por el mundo animal. Es el majestuoso tiro de bueyes el verdadero protagonista de la obra, no los campesinos.

La crítica de la época alabó casi con unanimidad la obra, exceptuando algunos reproches por su "exceso" de realismo. De hecho, Rosa Bonheur disfrutó de gran éxito y fama durante su vida, no solo en Francia sino también en Inglaterra y en Estados Unidos. Tras un tiempo en el olvido, se está recuperando su obra con iniciativas como la del Museo de Orsay que le dedicó una exposición temporal a finales de 2022. (Galería Seine, planta baja)

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Y hasta aquí nuestra selección de obras imprescindibles del Museo de Orsay. Nos hubiera encantado añadir muchas más, por lo que reiteramos nuestra recomendación del principio: tómate tu tiempo y explora el D'Orsay hasta su último recoveco, ¡merece la pena!

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Maria Ermitas Barrasa Rodriguez
Maria Ermitas Barrasa Rodriguez
Escritor/a de viajes freelance

Mitas es una traductora de español afincada en Madrid que disfruta acercando todo tipo de historias al público hispanohablante, ya sea en forma de videojuegos, novelas o blogs de viajes. Cuando no está tomando café y jugando con las palabras, a Mitas le encanta emplear su tiempo en viajar, ir a conciertos y ver teatro, mucho teatro.

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Fueron muchos los monarcas y emperadores que adaptaron el palacio del Louvre a sus gustos y caprichos, entre otros, Francisco I, Luis XIV y Napoleón I. Con el fin de la monarquía en Francia a finales del siglo XVIII, la antigua residencia real del Louvre abrió sus puertas como museo, concretamente, en agosto de 1793. Su primera exposición constaba tan solo de 537 cuadros, muy lejos de los cerca de 35 000 que contiene hoy en día el Museo del Louvre. El siglo pasado, en 1989, se realizó la última reforma al museo: el añadido de la icónica y, en su momento, polémica pirámide de cristal del patio. Diseñada por el arquitecto chino-estadounidense I. M. Pei, sirve de acceso principal al museo. Entre los numerosos tesoros que se pueden contemplar en el Louvre destacan tres grandes estrellas: la Venus de Milo, la Victoria de Samotracia y la Mona Lisa. Pero hay muchísimo más por descubrir, desde el Código de Hammurabi (considerado el documento legal más antiguo del mundo) de origen mesopotámico, hasta el famoso cuadro de la Libertad guiando al pueblo de Delacroix, pasando por sarcófagos egipcios, esculturas de Miguel Ángel y cuadros de Vermeer. Y, si te gusta la historia, te encantará explorar los ostentosos apartamentos de Napoleón III, con sus fastuosos salones de estado y el salón dorado de estilo rococó del siglo XVIII. No hay duda de que en el Louvre se vivía a lo grande. El Louvre en cifras A continuación, te contamos unos cuantos datos curiosos sobre el Louvre: La colección del Louvre cuenta con unas 616 000 piezas en total, de las que suele haber expuestas entre 35 000 y 40 000. El vasto laberinto de galerías, pasillos y escaleras ocupa una superficie de 73 000 metros cuadrados. Lo que lo convierte en el museo más grande del mundo. Su rival más cercano, el Museo del Hermitage de San Petersburgo, tiene una superficie de 67 000 metros cuadrados. Si se colocaran todas las plantas del Louvre seguidas, se crearía una sala de casi 13 kilómetros de largo, lo que equivale a 2 o 3 horas de caminata a paso ligero... sin detenerse ni un instante a contemplar las maravillas que contiene. El Museo del Louvre recibe a unas 7,8 millones de persona al año, lo que lo convierte también en el museo más visitado del mundo. En la pirámide del Louvre hay 673 paneles de cristal, no 666 como afirman algunas teorías conspiranoicas. Cuándo visitar el Museo del Louvre para evitar las colas Como ya sabemos, el Louvre es la atracción más visitada de París, por lo que merece la pena saber cómo y cuándo visitarlo para evitar esperas innecesarias. El museo abre todos los días de 9:00 a 18:00, excepto los martes, que cierra, y los viernes, que permanece abierto hasta las 21:45. Puede que pienses que llegar pronto es la clave para evitar las aglomeraciones, pero te equivocas. ¿Por qué? Pues porque todo el mundo piensa lo mismo. Las colas matinales pueden ser brutales y el patio suele estar abarrotado de turistas impacientes mucho antes de que se abran las puertas. Así que, si quieres evitar las temidas colas del Louvre, acude a última hora de la mañana o primera hora de la tarde. Hacia las 15:00 es el mejor momento. Para entonces, las colas de la mañana habrán disminuido considerablemente y aún te quedará tiempo de sobra para disfrutar con calma de tu visita al museo. Ten en cuenta también que la apertura tardía de los viernes es menos popular de lo que cabría esperar. Tal vez porque mucha gente no sabe que el museo abre hasta más tarde. De modo que otra buena opción para disfrutar del Louvre en relativa tranquilidad es llegar el viernes sobre las 18:00. Durante la temporada de otoño e invierno, el primer domingo de cada mes, la entrada al Museo del Louvre es gratis. Como ya imaginarás, el Louvre estará aún más concurrido de lo habitual esos domingos, claro. Por lo que tal vez te compense más evitar ese domingo y pagar tu entrada cualquier otro día. Consejos para tu visita al Louvre 🎫Reserva tu entrada con antelación. Las entradas tienen una franja horaria asignada, lo que te ahorrará hacer cola una vez en el museo. 🏛️¿Piensas visitar otras atracciones turísticas durante tu viaje a París? Hazte con el pase turístico The Paris Pass® para acceder a las mejores actividades y atracciones de París. El Museo del Louvre, por supuesto, pero también la Sainte Chapelle, la Torre Eiffel y el Arco del Triunfo, entre muchas otras. 💡Casi todo el mundo hace cola en la entrada principal de la pirámide del Louvre. Sé más inteligente y dirígete a alguna de las otras entradas disponibles. Por ejemplo, accede por la Puerta de los Leones, en el ala Denon del museo, que además es la entrada más cercana a la Mona Lisa. De ese modo, podrás subir directamente a la sala 6 y unirte al mar de cabezas que se inclinan de un lado a otro para conseguir echar un vistazo a la enigmática sonrisa de La Gioconda. 📌Se ha estimado que se necesitarían unos 200 días para ver tranquilamente todas las piezas expuestas en el Louvre. No intentes verlo todo en un día, porque sería una auténtica locura. En lugar de eso, elabora un plan de acción e intenta ceñirte a él. Hazte con un plano del museo y traza una ruta óptima para ver todo lo que no te quieres perder. Ahorra en París con The Paris Pass® Ahorra en las entradas para las principales atracciones de París con The Paris Pass®. Visita @TheParisPass en Instagram para descubrir consejos e información útil sobre las mejores atracciones y actividades de París. ☀️Atracciones incluidas☀️     🌏 Cómo funciona🌏      ✈️ Compra tu pase ✈️
Maria Ermitas Barrasa Rodriguez
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Subida guiada a la 2ª planta de la Torre Eiffel
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